Me pide un Instituto extremeño que escriba una carta sobre mis lecturas de infancia y niñez, al tiempo que recomiende las mismas a los alumnos.Esto es lo que siento recordando:
"Recojo la amable petición de rasguearos una carta, y de paso, os descubro algo: soy lector empedernido. Sí, leí en mi niñez, en mi juventud y sigo leyendo con pasión. Es algo que uno no tiene muchas ocasiones de revelar, pero estoy dispuesto a expiar mis culpas por ser tan osado en estos tiempos que corren.
Confieso ante vosotros que de la mano de Steiner y su obra “Treblinka”, me horroricé al conocer el genocidio nazi. Confieso mi sensibilidad ante el medio ambiente tras leer “Tierra Virgen” de Vázquez-Figueroa. Confieso mi amor profundo por Extremadura tras leer a Manuel Pacheco, Luis Chamizo, Álvarez Buiza o Luis Álvarez Lencero. Y podría seguir con la confesión, que por extensa, no quisiera que fuera aburrida.
Se que son muchos pecados, pero no me arrepiento de ninguno, es más, seguiré con ellos aún a costa de la penitencia que algunos me inflijan, aceptando la pena que me impongáis, y solicitando el indulto por vuestra parte, si es que aún hay justicia.
Tal vez la causa de mis males fuera que mis padres, humildes, tenían la mala costumbre de adquirir, mes a mes, un libro a través del Círculo de Lectores. Esperaba ansioso la llegada del mismo, y con el paso de los años, hasta decidía qué libro adquirir.
Tal vez fuera visitar la biblioteca de Badajoz con asiduidad, o esa insana costumbre de escribir a los propios autores para que me obsequiaran con un autógrafo, lo cual me animaba a seguir leyéndolos tras obtener el preciado botín.
Recuerdo cómo en una ocasión le escribí a Jesús Delgado Valhondo, con 9 años, para pedirle el autógrafo. Le envíe un sello de correos para que no tuviera que gastar nada en mi deseo. Uno, aunque humilde, ahorraba para estos pequeños caprichos. Y Jesús, maravilloso poeta, y me jor persona, me devolvió el sello pegado en un libro: “Entre la yerba pisada queda noche por pisar”.
Tal vez esto me haya pasado por leer. Tal vez sea como soy tras viajar tanto con la imaginación por “Las Maravillas del Mundo”, por leer la Enciclopedia Geográfica de diez volúmenes, por escudriñar entre tanto negro sobre blanco.
He disfrutado tocando el libro, oliendo el libro, saboreando el libro. Y no me ha pesado, como no le pesara a Platero llevar a Juan Ramón Jiménez a su grupa.
Imploro la indulgencia, una vez más, al tiempo que solicito de vosotros que sigáis mi camino, si queréis formar parte del grupo de los que vivimos sin trabazones en la imaginación."
Hay quien expresa que cuando se quiere arreglar un problema complejo, la solución viene de la mano de segmentar el mismo. Pero a veces, la división nos aleja de la realidad.



