La calle debería ser asignatura inexcusable de todo político.En la calle no hay intereses, no hay intermediarios, no hay más que una atmósfera en el que uno puede ser protagonista, sin más estorbo que la capacidad de comprensión.
A menudo el despacho, las reuniones, los email, la prensa, el teléfono es la vía de información, escapándose un ventarrón de matices y datos que sólo en la calle se pueden tropezar.
Cuando uno transita por la calle y no abre los ojos a los que sufren, es que uno está enfermo, con el corazón encallecido. Mirar a los ojos de la gente, su expresión, sus gestos, auscultar sus mensajes son la mejor terapia del político para estar prevenido contra la desinformación.
A mi me gusta la calle, porque en ella uno encuentra más información que en google. Al fin y al cabo, en la red no hay tantas emociones, y en la calle, les aseguro que sobran…

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